Todo estaba preparado para recibir a nuestros rivales, incluso hasta un humeante café recién hecho.
A las 10 en punto se pusieron en marcha las partidas.
El primero en finiquitar su compromiso fue Roy. Planteó una Escocesa, como no podía ser de otra forma. La partida tuvo sus alternancias, hasta que el negro estrelló un alfil en el enroque de nuestro jugador, resultando un farol, si se me permite el término pokerístico. Con esa ventaja el resto fue un puro trámite.